de Zayas , Eldelmira
1897. Nace en Santiago de Cuba la soprano EDELMIRA DE ZAYAS. Su infancia transcurre en la ciudad de
Holguín, donde inicia sus estudios musicales, que continúa en La Habana, al trasladarse a la capital en 1914,
primero guiada por el bajo español Pablo Meroles y, más tarde, en la Academia Filarmónica Italiana Bovi-Farelli.
En su repertorio figuraban los roles de Mimì, de La bohème y Violetta, de La traviata. En 1928 es seleccionada
para el protagónico de una exhumación parcial de la ópera Zilia, de Villate, en la que compartió la escena con el
barítono Alberto Márquez, dirigidos por el maestro Bovi. Fue miembro fundador (1931) y subdirectora de la
Sociedad Coral de La Habana. Cantó en varios conciertos de la Orquesta Sinfónica de La Habana, dirigida por
Gonzalo Roig (1928, 1931 y 1936) y la Orquesta Filarmónica de La Habana, con la que dio a conocer en Cuba la
Misa solemne a Santa Cecilia, de Gounod, junto a Marta Pérez, dirigidas por Paul Csonka (1943). Estrenó
numerosas canciones cubanas dedicadas a ella por sus autores, especialmente Ernesto Lecuona y Eduardo
Sánchez de Fuentes. Edelmira de Zayas murió en La Habana, el 18 de septiembre de 1973. El investigador
holguinero Zenovio Hernández ha dedicado varios trabajos a revelar interesantes datos de su vida artística.
   

La cantante lírica cubana Edelmira de Zayas
(2006/12/06)

Por Ramón Fajardo Estrada


Dedicaremos la sección de hoy a recordar a la soprano cubana Edelmira de Zayas, una de las más extraordinarias
voces que registra en su historia el arte lírico criollo. Nacida en Santiago de cuba el 15 de febrero de 1897,ella
creció en un estimulador ambiente artístico, el cual reafirmó desde los años infantiles su amor a la música,
primero en la ciudad de que era oriunda y luego en Holguín, donde, junto con sus progenitores y hermanos, pasó a
residir a los tres años de edad. «(…) En mi hogar el cultivo de la música era cuestión casi obligatoria.
Mi padre, Armando de Zayas, magistrado que fue de la Audiencia de Santiago de Cuba, descansaba de sus
actividades jurídicas dirigiendo nuestra temprana educación musical.
¡Era un verdadero temperamento! Tocaba la flauta admirablemente, organizaba recitales de carácter benéfico entre
las amistades… La Sociedad Artística de Holguín fue obra suya.
Mientras residimos en Holguín hice mis primeras presentaciones en conjuntos de aficionados, bajo la dirección de
mi padre, con fines benéficos.
Allí llegamos a tener una orquesta familiar: cada uno de mis hermanos y yo tocábamos un instrumento bajo su
paternal aunque no por ello menos estricta batuta.» También con sus padres y hermanos, en 1914 Edelmira de
Zayas se radicó en La Habana y empezó a estudiar canto con el bajo español Pablo Meroles, quien llegara a actuar
en el teatro Scala de Milán al lado de la diva Adelina Patti y por determinadas circunstancias determinó permanecer
en esta isla caribeña «Poco después de haber comenzado las clases puede cantar sin dificultades y con buen éxito
la conocida romanza de “La Trapera” en una fiesta organizada por el prestigioso Liceo de Guanabacoa…
Posteriormente ingresé en la Filarmónica Italiana, la academia que dirigen los profesores Arturo Bovi y Tina Farelli.»
Después de ese debut,el 20 de mayo de 1915, a partir de 1917 Edelmira realizó estudios y más tarde mantuvo
largos años una especie de ejercitación vocal con los destacados cantantes y maestros romanos Tina Farelli y
Arturo Bovi, quienes tras sus triunfos en escenarios europeos y americanos, se establecieron en la capital cubana y
fundaron en 1912 la Academia de Canto Filarmónica Italiana.
Muy pronto la joven soprano santiaguera fue considerada allí una relevación del arte lírico. Así lo demostró desde el
27 de mayo de 1917, cuando sus maestros determinaron presentarla en la Sala Espadero, del Conservatorio
Nacional de Música Hubert de Blanck, en el concierto anual de esa institución académica correspondiente al citado
año. «No tuve miedo al público, ni a misma.
Siempre he tenido por norma estudiar concienzudamente mi parte y ello parece influir mucho en el hecho de
hallarme después, ante el auditorio, perfectamente tranquila.
Aquel día en a Sala Espadero, al finalizar el aria de Ballatella, recibí una calurosa ovación.
Ese canto es sencillamente precioso.
El maestro Bovi, buen meridional, corrió a besar la mano de su discípula en señal de satisfacción.» Entre los
múltiples recuerdos de Edelmira de Zayas asociados a su trayectoria profesional, tenía especial importancia para
ella su original encuentro en el ya inexistente teatro habanero Principal de la Comedia con el tenor puertorriqueño
Antonio Paoli, fallecido en 1946 en San Juan a los 74 años de edad, cuya hermosa voz se conociera, en su contexto,
en gran parte del mundo. «(…) se celebraba una función a beneficio de un reporter gráfico de “La Prensa”, en la que
yo figuraba.
Mientras se cumplía la primera parte, la representación de una comedia de Tristán Bernard, yo aguardaba en una
luneta.
De pronto sorprendí un diálogo cerca de mí: y claramente escuché estas palabras:”¿Quién será la que va a
atreverse con Ritorna vincitore?” Discretamente me volví.
Quien había pronunciado aquella frase, después de leer el programa de la fiesta, era un señor barbado, de
respetable apariencia, indudablemente un extranjero.
¡Se me paralizó momentáneamente el corazón! ¡A mi cargo estaba la famosa aria de Aída! Una frase como aquella,
pronunciada por un hombre que según todas las apariencias era un artista, encarecedora de las dificultades de la
obra a interpretar y dubitativa sobre las facultades de la intérprete desconocida, pesa mucho… Además uno aspira al
triunfo sobre los entendidos, precisamente.» Y el incidente terminó «yendo el señor barbado al escenario a felicitar
efusivamente a la “atrevida”… Era el tenor Paoli, de tan grata recordación para La Habana.
Poco después él mismo me seleccionó para cantar con él Aída en el teatro Nacional.
El éxito fue rotundo.» Datos de interés en el curriculium vitae de Edelmira de Zayas serían su participación, como
principal protagonista femenina, en el estreno en nuestra patria de la ópera Zilia, del cubano Gaspar Villate,
presentada el 4 de diciembre de 1928, con motivo de la semana de actos por la inauguración del Auditórium (actual
Amadeo Roldán), de la Sociedad Pro Arte Musical, coliseo que dos días antes abriera sus puertas; así como sus
exitosas actuaciones, entre 1926 y 1932 en distintos teatros y salas habaneras en títulos capitales del género
operístico: Norma (Bellini), Caballería rusticana (Mascagni), Los payasos (Leoncavallo), La Traviata (Verdi)) y, sobre
todo, en La Boheme (Puccini). «(…) La música de Puccini es exquisita.
La siento profundamente, y creo interpretarla con emoción.
Si no hubiera sido así, los públicos hubieran quedado indiferentes y no me hubieran prodigado, como ha sucedido,
extraordinarias muestras de preferencia.
Durante su visita a La Habana, en 1932, el gran Robert Lortat me acompañó al piano la famosa plegaria de Tosca
en una audición privada; siempre recordaré con orgullo su calurosa felicitación por mi interpretación de esa joya de
Puccini.
En 1929, en una fiesta de arte ofrecida al cuerpo diplomático acreditado en Cuba, canté la plegaria logrando el
honor de que mi esfuerzo fuera muy favorablemente comentado por la crítica musical de Buenos Aires y Montevideo,
que tuvo representantes en el acto.» El tenor José Mojica, en el apogeo de su labor cinematográfica en Hollywood,
vino a La Habana en 1931 contratado por el célebre pianista y compositor cubano Ernesto Lecuona.
Por aquellos días el divo mexicano escuchó a Edelmira de Zayas en el teatro Nacional y al terminar la función la
felicitó con entusiasmo: «Su voz es como tintineo de cristal de bacarat”.
A su vez el maestro español Rafael Pastor, compositor y musicólogo, después de verla encarnar en el Auditorium el
personaje de Violeta, de La Traviata, escribió: «(…) en la “Traviata no tiene que envidiar a ninguna Violeta de las que
desfilaron por el escenario del teatro Nacional.
Siempre he admirado en Edelmira de Zayas a una cantante excepcional.
Todo lo reúne la eminente artista cubana: espléndida voz, hermosura, arte, fraseo a la manera de la Barrientos y la
Bori y una intuición maravillosa para sentirse dentro del personaje que representa. (…) La señora Edelmira de Zayas
puede tener la seguridad de que en Cuba no existe hoy quien la aventaje en el arte que cultiva y deberá siempre a
sus propios méritos la aureola que no se fabrica a fuerza de bombos y platillos.» La de Zayas actuó en 1931 en el
concierto inaugural de la Sociedad Coral de La Habana fundada por la profesora María Muñoz de Quevedo,
entidad de la que fuera subdirectora; actuó en programas de las orquestas Sinfónica y Filarmónica y fue una de las
intérpretes predilectas de Ernesto Lecuona en sus conciertos de música cubana.
Para uno de ellos, celebrado en 1933, él le dedicó la canción Ave lira, la cual  a causa de la efusividad del
público tuvo que repetir tres veces. A pesar de figurar entre las voces más admiradas del arte lírica nacional y ser
considerada una de nuestras mejores intérpretes de música sacra entre 1915 y 1940, Edelmira de Zayas
prácticamente se retiró del canto en el último año mencionado.
La crianza de sus hijos, la atención a su hogar, fueron para ella exigencias primarias, sin dejar de tener en cuenta
que su labor artística transcurrió en una época de poca preocupación oficial hacia las distintas manifestaciones de
la cultura. Pero quedan programas, fotografías y unas pocas grabaciones discográficas que evidencian el talento de
esta artista criolla que, según el mundialmente famoso compositor español Joaquín Turina, «Egregia cantante se le
puede decir a la señora Edelmira de Zayas, es su voz tan limpia y clara como el agua del Guadalquivir.
Difícilmente se oye a una cantante pronunciar tan claro.
Ella se ajusta a la medida exacta de una entonación perfecta.»