Cervantes, María
La Habana, 11/30/1885-2/8/1981. Pianista, cantante y compositora. Hija de
importante músico cubano del siglo XIX, Ignacio Cervantes. Llevaba el arte en la
sangre. En el año de 1929 debutaba en el Teatro Campoamor, coetáneo con estas
magníficas grabaciones de un estilo único, estampas de su tierra y de su tiempo. Se
mantuvo relacionada con la música toda su vida, casi hasta su muerte a los 95 años.
Una gran dama de la música cubana, sinónima de criollez. Inicia en Cuba la
estrategia de usar el piano no como un mero acompañante, sino como un elemento
interlocutorio con el que se dialoga todo el tiempo. Desgraciadamente esta
excelente entertainer, no se lanzó al mundo con su arte. Un avezado seguidor suyo
lo haría, con extraordinario éxito: Bola de nieve. Ver Hernández, Gisela &
“Cervantes: 40 danzas”, Ediciones De Blanck, La Habana, 1959, p.18.
TN
MARTES, FEBRERO 08, 2011
CON MARÍA CERVANTES
Por Josefina Ortega (La Jiribilla)

Hija de Ignacio Cervantes, —considerado por muchos el músico cubano más
destacado del siglo XIX—, no resulta difícil comprender que, bajo su orientación,
se arraigó en María, desde la infancia, su pasión por la música.

Siendo ya una reconocida pianista, cantante y compositora, confesó que ella fue
siempre una niña muy refistolera y que empezó a tocar el piano desde muy
chiquita, tanto que casi no llegaba al teclado, pero cuando escuchaba algo que le
llamaba la atención, iba tan rápido como le permitían sus piernas, y lo tocaba.

Heredó de su padre su estilo pianístico y, como pocos, conocía la interpretación
de sus danzas, las que —según Alejo Carpentier— “ocupan en la música de la
isla el lugar que ocupan las Danzas noruegas de Grieg, o las Danzas eslavas de
Dvorak en las músicas de sus respectivos países”.

Nacida en La Habana, el 30 de noviembre de 1885, María Cervantes comenzó
los estudios de piano con su padre, quien por cierto, la llamaba Chanchín por
tener ella las orejas pequeñas.

Alegremente comentaba el gran Ignacio Cervantes que con sus hijos —trece
varones y una hembra— formaría toda una orquesta.

Desde muy niña María se sintió artista. El baile le entusiasmaba. Su padre
empezaba con una danza, pasaba para una mazurca, y seguía con un danzón,
mientras ella marcaba el ritmo como una verdadera profesional, y eso que para
entonces apenas tenía tres años.

A la muerte de su progenitor, en 1905, ella se hunde en una profunda tristeza
que la separa de la música, mas al tocar el piano el primer día, termina una
romanza sin palabras que él le había dedicado a ella, y ya enfermo, no pudo
acabar.

Después el poeta matancero Juan B. Ubago le puso el título "Fusión de almas".
Con esta pieza la artista abría sus recitales.

Su debut profesional se efectuó en el teatro Campoamor en 1929, año en que
también graba sus primeros discos en los EE.UU., para la firma Columbia.

Actúa también en la RCH Cadena Azul, en la Cuban Telephone Company, en
Radio Salas y en el hotel Sevilla, donde se presenta junto al pianista Felo
Bergaza.

En la Mil Diez trabaja con los compositores y directores de orquesta Adolfo
Guzmán y Enrique González Mántici.

El éxito la acompaña. Viaja otra vez a los EE.UU., donde graba para la Columbia
y actúa en el cabaret del famoso actor y cantante argentino José Bohr.

Al regresar a La Habana su nombre aparece en las carteleras de los más
importantes escenarios, junto a figuras de la talla de Rita Montaner y Bola de
Nieve.

Por años, su simpatía personal, su auténtica cubanía y aquel carisma tan especial
para interpretar sus canciones, la hicieron ganar la admiración y el cariño del
público.

Su interpretación de "A los frijoles, caballeros", es siempre un esperado suceso.

Al fallecer su esposo, abandona la escena, pero en 1960 —persuadida por el
musicólogo Odilio Urfé— reaparece en un concierto abarrotado de público en el
Museo Nacional de Bellas Artes.

Desde ese día, y hasta poco antes de su muerte, María Cervantes mantiene una
constante presencia en nuestros escenarios, querida y respetada por su pueblo,
que reconoce su alta jerarquía artística en el dominio de nuestra música.

En una ocasión dijo: “Hubiera querido retirarme de la radio, del teatro y que me
recordaran como era yo, sin espejuelos, sin canas, sin vejez, pero hubo un
segundo gran debut que no me pesa, porque si yo me hubiera retirado de verdad,
me hubiera muerto ya. La música es mi vida.”

María Cervantes falleció a los 96 años, en La Habana, el 8 de febrero de 1981.
Un año antes le había dicho a la escritora Hamilé Rozada: “Espero que cuando
la muerte me sorprenda, yo esté sentada al piano. Si no puedo volver a tocar, la
vida se me escapará con tanta prisa que me será imposible detenerla”.

PUBLICADO POR JUAN M. GARCIA EN 8:13 AM  

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